Durante siglos las mujeres han sido las encargadas de sanar y cuidar de la salud de las comunidades. Ellas fueron las primeras médicas en la historia de Occidente. Se desempeñaron como enfermeras, farmacéuticas, comadronas, alquimistas, químicas y consejeras. Hacían abortos, cultivaban hierbas medicinales. Transmitían sus conocimientos y experiencias de unas a otras y de generación en generación. Visitaban a los enfermos/as en sus casas y viajaban de pueblo en pueblo (Ehrenreich y English, 1981).
Ejercían una verdadera medicina popular y comunitaria, fueron consideradas las “brujas” en la Edad Media. La persecución y condena de estas mujeres fue uno de los procedimientos a través de los cuales se eliminó a las mujeres de la práctica de la medicina empírica, que nada tenía que ver con el modelo médico hegemónico que se consolidaría luego.
Por ello, recoger los saberes de las mujeres sanadoras. sus prácticas y sus particulares concepciones acerca de los cuerpos/las corporalidades, contribuye a una comprensión profunda de cosmovisiones invisibilizadas, pero coexistentes y, muchas veces complementarias, a las dominantes. Las mujeres sanadoras poseen saberes específicos que se materializan en una variedad de prácticas de atención y cuidado que implican una representación del cuerpo particular, no necesariamente coincidente con la de la medicina y psicología hegemónicas. (Documento Fuente)
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